La teoría de las emociones de Darwin, ilustrada por su famosa cita : "La libre expresión de una emoción a través de signos externos la intensifica".

Conciencia entre el interior y el exterior, entre el sentimiento y su expresión. En resumen, este tema aparece una y otra vez en cientos de culturas, religiones, comunidades...

"El bucle de retroalimentación del infierno"

Esta relación recíproca entre expresión y emoción nos revela círculos potencialmente virtuosos o viciosos, como lo ilustra Mark Manson con su concepto del “círculo vicioso infernal de retroalimentación”.

Nuestra percepción de la causalidad evoluciona significativamente a lo largo de nuestro desarrollo: desde una visión infantil simplista hasta una comprensión adulta a menudo sobrecargada de narrativas complejas y cambiantes. Sugiriendo que esta simplicidad perdida puede contener una sabiduría preciosa. La intersubjetividad en nuestra experiencia emocional y en otros lugares es una interrelación compleja y contrastante.

Continuando nuestra exploración de las emociones y su expresión, el trabajo de Jean-Charles Terrassier sobre la disincronía en niños superdotados ofrece una perspectiva fascinante. Esta teoría de la disincronía se hace eco del ciclo de retroalimentación emocional de Darwin, pero en un contexto de desarrollo complejo.

En los niños superdotados, la expresión de emociones se complica con frecuencia por la brecha entre su desarrollo intelectual avanzado y su madurez emocional más típica de su edad. Esta brecha crea una carencia entre su intelecto y su capacidad para socializar. La expresión emocional no se intensifica simplemente por su manifestación externa, como sugirió Darwin, sino que también está determinada por los distintos ritmos de desarrollo específicos de cada individuo, creando interacciones complejas entre cognición, emoción y expresión. Adopta diferentes formas y es difícil de interpretar sin hacer generalizaciones.

El lenguaje no es suficiente en absoluto

Por eso un psicólogo se convierte rápidamente en filósofo, porque a pesar de la riqueza del francés, las palabras nunca son suficientes para expresar plenamente los matices.

En esta exploración de los límites cognitivos y emocionales humanos, el trabajo de Nassim Nicholas Taleb sobre la incertidumbre y la fragilidad proporciona un primer vínculo crucial con nuestro tema.

Su concepto del "cisne negro" ilustra perfectamente un fallo fundamental de la mente humana: nuestra tendencia a construir narraciones simplificadas después de los hechos para explicar acontecimientos impredecibles, creando una ilusión de comprensión y control. Esta falla cognitiva se relaciona directamente con la disincronía de Terrassier y la teoría darwiniana de las emociones: desarrollamos explicaciones racionales para nuestras reacciones emocionales que a menudo son mucho más complejas e impredecibles de lo que reconocemos. La humildad epistémica de Rescher se vuelve entonces esencial para aceptar los límites de nuestra comprensión de los mecanismos emocionales.

Un segundo vínculo aparece con el análisis de Taleb sobre la fragilidad y la antifragilidad. La mente humana, particularmente en su dimensión emocional, exhibe una tendencia paradójica: puede ser a la vez extremadamente frágil frente a ciertos factores estresantes y notablemente antifrágil en otros contextos, fortaleciéndose a través de la adversidad.

Esta dualidad refleja precisamente la tensión que Rescher expresó entre la necesidad de reconocer nuestros límites cognitivos y la importancia de seguir explorando más allá de estos límites.

Mi conclusión

Para finalizar esta exploración, me gustaría tejer un hilo común a través de estos conceptos destacando cómo, a pesar de su riqueza filosófica, estas tradiciones caen continuamente en extremos que descuidan el matiz esencial de la experiencia humana.

La teoría de la expresión emocional de Darwin, la disincronía de Terrassier, los bucles de retroalimentación de Manson y los conceptos de incertidumbre de Taleb convergen en una realidad fundamental: nuestra tendencia humana a oscilar entre extremos mientras luchamos por habitar el espacio matizado entre ellos.

En cada tradición —ya sea la respiración como vínculo entre lo material y lo espiritual en el hinduismo, el movimiento de la sangre como reflejo del Qi en el taoísmo o las muchas dualidades filosóficas— encontramos esta misma tensión de extremos... Pero ¿no hablamos a menudo de la sobrecategorización y la fluidez de la existencia?

Quizás la verdadera sabiduría resida en nuestra capacidad de reconocer las limitaciones de todos estos sistemas explicativos. Cultivar una conciencia que, como la respiración misma, se mueva libremente entre categorías sin quedar encerrada en ellas, reconociendo que la expresión de nuestras emociones y nuestra comprensión del mundo son parte de una danza infinitamente más matizada de lo que nuestras filosofías, por sofisticadas que sean, sugieren.

En conclusión, los teoremas de incompletitud de Gödel proporcionan una poderosa metáfora para nuestra exploración de las emociones humanas. Así como Gödel demostró que ningún sistema matemático suficientemente complejo puede ser al mismo tiempo completo y consistente (y que siempre habrá verdades improbables dentro del propio sistema), nuestra comprensión de las emociones enfrenta una limitación fundamental similar.

La emoción experimentada siempre escapa parcialmente a su propia descripción y formalización, creando un espacio irreductible entre la experiencia y su conceptualización. Esta incompletitud no es un fracaso, sino más bien una invitación a la humildad.

24 marzo 2025 — Hadrien Loge
Etiquetas: Philo